“Nuevas políticas. ¿Nuevas pedagogías?”

Margot Garnica Silva – artículo pdf

 

Vivimos un momento de crisis, de caos, de decadencia de viejos paradigmas, modelos y sistemas.

Crisis, la sola palabra lo dice; Krisis, proviene del griego y significa “separar” o “decidir”.Separarse de lo conocido, decidir qué es lo nuevo, de dónde proviene el cambio. Hace alusión a algo que se rompe y dado que se rompe, hay que analizarlo para saber por dónde se quiebra. Nos obliga a pensar.

Vivimos pues, tiempos de cambio a nivel global y actuamos desde lo local. Tal vez por eso se dice que los momentos de crisis son creativos, porque atañe a la particularidad local, ante una situación que puede o no serlo.

Si nos fijamos, hay ejemplos de prácticas revolucionarias en distintas partes del globo. Otras maneras de hacer, de concebir el mundo, de resistir ante el peso del orden establecido. A estos ejemplos los llamamos pedagogías transformadoras. Éstas, representan la posibilidad de materilizar nuevas políticas. Casos como los zapatistas en Chiapas, el Movimiento sin Tierra en Brasil, o el concepto del Sumak Kawsay en Ecuador, abren nuevas visiones y se ponen de manifiesto en la praxis de lo cotidiano.
En un momento de ebullición global en aspectos sociopolíticos, cuando la ciudadanía mundial se levanta y grita que ¡ya basta!, que es necesario cambiar, que es urgente una praxis coherente desde nuevas miradas, ¿existe un nexo entre aquellos ejemplos que posibilitan lo imposible, en pequeños puntos del planeta, y los movimientos locales de resistencia sociopolítica, a nivel global? ¿Podemos extraer un hilo conductor que vincule aquellas resistencias, con las nuestras? Y si es así ¿cuál sería ese hilo conductor?
En mi opinión, llevamos décadas centrándonos en aquello que une nuestras opresiones, el consabido Sistema, el orden establecido, la hegemonía dominante, el capitalismo, el heteropatriarcado, el Club Bilderberg, etc. Y tras todo este tiempo de conocernos y reconocernos entre las de abajo, aún estamos en esas. Es decir, conocemos al enemigo, nos sabemos oprimidas, manejamos teorías de cambio, incluso, existen ejemplos que demuestran que las alternativas son posibles. Sin embargo, falta algo ¿qué? “Definidos los “no”, falta acabar de delinear los “sí”.Y no sólo, faltan también más respuestas a los “cómo”, “cuándo”, “con quién”.

La hipótesis primigénia que maneja una educadora social, no puede ser de otro modo, tiene la clave en la educación.

Hemos asistido a movimientos ciudadanos cada vez más determinantes en la esfera sociopolítica; desde aquellas manifestaciones en Seattle, o la llamada masa crítica con los movimientos antiglobalización, hasta lo que puede considerarse punto de inflexión en España con el 15M, o la Primavera Valenciana. Incluso han tomado las calles, organizadas plataformas ciudadanas como; Pobreza Cero, Totes Juntes, Mareas (de todos los colores), 22M… Movimientos sociales y agrupaciones civiles, que han buscado mecanismos de presión para echar un pulso al “opresor”, transformándose en “la nueva política”, en “fuerza de cambio”, jugando con sus reglas. Se han camuflado, disfrazado, convertido en parte del sistema, para cambiarlo desde dentro.
Estos nuevos actores sociales se han organizado, pero, ¿bajo qué paradigma? ¿qué pedagogías atraviesan estos movimientos sociopolíticos?

Caminamos hacia la reinvención de sujetos, no “sujetos” a un modelo, sistema o paradigma. Es el momento de “lo nuevo”, pero… ¿qué, quién, con qué, construimos “lo nuevo”? ¿Desde qué origen, con qué herramientas, con qué saberes, se sugiere este mantra llamado Cambio?

Si aceptamos nuestra condición de constructos sociales, los seres humanos de este lado del mundo, llamado occidente (y otros tantos en el resto de puntos cardinales), partimos de paradigmas educativos dinámicos (o eso nos venden) que, al igual que la sociedad, están en contínua transformación. Muestra de ello son reformas educativas, con cada puesta de largo del gobierno de turno, como: LOU, LOGSE, LOCE, LOMCE… ¿o no?

Existe un sistema dominante que tiene a su servicio una red de modelos educativos que sirven a su propósito: reproducir sistemas dicotómicos “opresores vs oprimidos”, “ricos vs pobres”, “norte vs sur”, “empresario vs precariado”, etc. manteniendo así el Statu quo ad tempore.
Al cambiar los modelos pedagógicos e introducir semillas de emancipación, al generar sujetos políticos, éstos intervienen en sus espacios de socialización, participan de la vida colectiva y comunitaria con el fin de transformarla. A su vez, estos procesos grupales van formando al sujeto en cuestión, quien va interiorizando, aprehendiendo, implementando metodologías, transformándose en actor educativo, con un discurso que le es propio y único, a partir de sus experiencias de vida y asociativas.

Desde las vanguardias académicas, en Educación para el Desarrollo ya se habla de una Educación Emancipadora o para la emancipación, de la sexta generación versus las cinco generaciones anteriores. Esto es, plasmar teóricamente el proceso emacipatorio, liberador,… de ese sujeto político que deviene actor educativo, y que para completar el ciclo, ha de llegar a la devolución de los saberes aprendidos, transformándose en agente multiplicador. Aquél que transmite, difunde y forma a nuevos sujetos.
¿Cuál es la problemática? Que estos cambios, estos focos de emancipación, ocurren en el ámbito de la educación no formal, donde no existe un itinerario, un curriculum, una hoja de ruta que arroje luz, sobre qué pedagogías sirven de hilo conductor de estos aprendizajes. No tenemos un discurso sobre el cual incidir, no existe un marco de actuación que nos sirva para medir el éxito o fracaso de unos movimientos frente a otros. Así como, no tenemos metodologías que replicar o eliminar, ni herramientas que facilitar a estos agentes transformadores de la realidad.
¿Cabe esperar entonces, que al igual que las transformaciones sociopolíticas, estos modelos socioeducativos críticos, deriven en una concepción holística del mundo, capaz de transformarlo? Tal vez, lo oportuno es que se mantenga de esta manera, adaptándose a cada escenario con sus propias limitaciones, oportunidades y circunstancias. Pero para ello, deberíamos ser capaces de romper con todo lo anterior y dejar espacio a la creatividad, algo innato a todo ser humano.

Lo que es una realidad inequívoca es que hemos atravesado modelos pedagógicos bancarios, jerárquicos, unidireccionales, etnocéntricos, antropocéntricos…. para ir moviéndonos hacia posturas más dialogantes, asamblearias y participativas. Sin embargo, ahora necesitamos investigar, conocer desde dentro, diferentes espacios educativos y sociopolíticos, para analizar el proceso de construcción de estos actores educativos. Primero a nivel individual, desde su propia experiencia y crecimiento, para pasar después a lo colectivo. Comparando teorías y praćticas, para entrever cuál sería el papel del paidós en el nuevo paradigma y para señalar cuáles podrían ser las nuevas direcciones o tendencias.

Hasta el momento no hay estudios que determinen qué teorías pedagógicas, metodologías, herramientas prácticas, se están dando en los espacios sociopolíticos y socioeducativos que están transformando la realidad (movimientos sociales, agrupaciones o partidos políticos, agrupaciones ciudadanas, co-desarrollo, etc). Por lo que se hace necesaria la recogida de datos y el análisis entre el discurso y la praxis que se da en dichos espacios. Un estudio científico del fenómeno en distintos niveles de participación, que permita cruzar los datos obtenidos, siempre desde un enfoque pedagógico, para facilitar la creación de metodologías estandarizadas y capaces de ser adaptadas al contexto inmediato. Herramientas flexibles, que se pudieran proporcionar, a esos actores sociopolíticos que están transformando la realidad.
En el plano educativo; ¿cuál es propuesta para la gestión y organización de grupos? Se trata de una propuesta emancipadora para el individuo como sujeto político? ¿y para la ciudadanía particip-activa en su papel de agente multiplicador?

En el plano político; si se considera relevante la mirada pedagógica, en estos espacios generadores de nuevas políticas (y por tanto, generadores de agentes multiplicadores), ¿qué mirada, bajo qué discurso, con qué metodologías y herramientas? Si no se considera necesaria esa mirada pedagógica, ¿bajo qué paradigma se sustenta su ausencia?
La importancia de observar desde qué perspectiva nos situamos, a la hora de analizar este nuevo cambio sociopolítico y sus pedagogías, nos descubre, bajo qué paradigma nos movemos, pensamos, actuamos, en lo social y con qué fin, implementamos en lo educativo.

En caso de hallar una herramienta facilitadora para las prácticas en las nuevas maneras de hacer política ¿a quién se le otorga el poder de manipularlas? ¿Existe la figura de la educadora, mediadora… en organizaciones, colectivos, agrupaciones o partidos políticos; capaz de intervenir e implementar dichas herramientas sirviendo al propósito del cambio de paradigma? ¿Qué pasaría si se facilitaran estas herramientas, a quienes defienden el statu quo?

La sociedad reclama un entendimiento entre los partidos, basado en aquello que les une de su programa, pretendiendo dejar atrás las desavenencias, que no han conducido más que a un bipartidismo corrupto y caduco. Se habla de confluencia, de convergencias, de lo común (Valencia en común, Ahora en común…), de la unidad (Unidad Popular, Unidos Podemos…), pero existen los mecanismos, siempre desde una mirada pedagógica, que pongan en relación las diferentes praxis?
Cuando se intentan unir partidos políticos de la vieja escuela, con las formaciones políticas de nueva creación provenientes de agrupaciones ciudadanas, que incluyen en sus bases: movimientos sociales organizados, asociaciones de distintos ámbitos, ciudadanía, etc., cada una con su mochila de viejas praxis y sus virtudes y defectos, sus “manierismos”… ¿Cómo se crea una sinergia entre modelos de praxis totalmente distintos? ¿Quién escoge la metodología? ¿Bajo qué paraguas pedagógico?
En la conformación de estos nuevos espacios políticos se cae inevitablemente en modelos organizativos, que con distintos nombres, vuelven a ser comisiones metodológicas, de coordinación y organización, que pretenden ser nuevas miradas, nuevas maneras de hacer, pero obvian lo fundamental y es que se nutren de personas, que aún con su mejor intención, no están libres de lo aprendido y sellado a fuego en su proceso de transformación en sujeto político. Luego ¿Es posible asegurar que no se manipulan estos nuevos modelos emergentes? ¿Son realmente nuevas maneras de hacer política o se disfrazan de ello para alcanzar el poder? ¿qué ejemplos tenemos en el panorama internacional? ¿Cómo se traduce esta nueva mirada en lo que pretendemos llamar Educación Emancipadora?

Si dispusiéramos de herramientas estandarizadas, si pudiésemos recabar información y sistematizar estas prácticas, tal vez podríamos descubrir, qué tipos de participación social se esconden, bajo el mantra del Cambio en la Nouvelle Politique.

 

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