El 24M, el inicio de un cambio

Mireia Biosca –  artículo pdf

 

Somos muchas las que hemos estado durante años resistiendo las políticas neoliberales y mercantilistas de un gobierno conservador. En este camino de luchas ciudadanas, tras el 15M se produjo un aumento de la conciencia social, una repolitización de la sociedad y miles de personas salieron a las calles a participar de la política. Las plazas de todo el Estado se llenaron de descontento e indignación, de gente que nunca antes se había organizado, de activistas, de jóvenes y mayores…fue el inicio de un cambio en la conciencia de la sociedad. El 15M del 2011 la ciudadanía escribió un punto y aparte. Desde cada plaza se comenzó a señalar a los culpables de la estafa económica que estábamos viviendo, a gritar bien alto que esos gobiernos que gobernaban para el capital y el poder económico no nos representaban y no íbamos a parar hasta echarlos de las instituciones. Se comenzó a construir un movimiento rupturista ante el régimen del 78, ante un régimen en manos del PP y del PSOE, que se presentaban a las elecciones pero dejaban el gobierno real en manos de la oligarquía económica.

Los movimientos sociales organizados en plataformas y mareas comenzaron a ser el motor que movía las ruedas del cambio social. Llenaron las calles de lucha y de participación. Y comenzamos a ganar alguna batalla, demostrando que cuando las de abajo nos juntamos por un objetivo común, hacemos que el miedo cambie de bando y comenzamos a ganar:  hemos parado desahucios, privatizaciones en la sanidad, hemos luchado incansablemente por  una educación pública para todas, contra el copago, contra la violencia que sufrimos las mujeres y el colectivo LGTBI, contra el maltrato animal, denunciando la corrupción, el despilfarro y  el deterioro de nuestro medioambiente….muchos frentes, muchas luchas y en cada batalla cada vez éramos más.

Tras construir una  gran marea democrática, llegó el 24 de Mayo, y era el momento de pasar de la rebeldía y la indignación de las plazas a la organización en la institución, construyendo por medio de plataformas ciudadanas un espacio común donde cabíamos todas, un espacio que construyeran verdaderos puentes entre las calles y las instituciones, llenando estas de ciudadanía infiltrada.

Las elecciones del 24M nos han marcado el camino que debemos seguir: la unidad popular como herramienta para ganar el Estado y los municipios para la gente.

Tras construir gobiernos del cambio en muchas ciudades del Estado, en el País Valenciano el cambio ha tenido una gran trascendencia social y dimensión histórica. En estos días recordamos que hace un año el pueblo valenciano acudía a las urnas para sacudirse de encima el oprobio de décadas de mal gobierno y despilfarro, de años de uso del poder al servicio de las elites. Este diagnóstico político era compartido por una mayoría social, que el veinticuatro de mayo se transformó en mayoría electoral. Desalojar al Partido Popular de nuestras instituciones se había convertido en aquel momento en un requisito ineludible de mínima higiene democrática, en un requisito necesario para poder comenzar a construir vidas vivibles.

Desde las Plataformas Municipalistas se han construido proyectos, enarbolados desde la bandera de la regeneración, que no permanecieran anclados en las lógicas de democracia restringida de este régimen que está agotado, sino que se mueven con la voluntad de ser un proyecto de profunda transformación democrática.

Como decía la feminista Andre lorde “no desmontaremos la casa del amor con las herramientas del amo”. El cambio real pasa por transformar las instituciones, esta vez desde dentro. Unas instituciones burocráticas, con exceso protocolo, que han sido construido por el régimen para separarse de la ciudadanía. El cambio real pasa por acercarnos desde abajo, con la ciudadanía, romper las barreras protocolarias que existen y hacer política mano a mano con los movimientos sociales, con la sociedad civil…

Tras un año, se han abierto las puertas y ventanas de las instituciones, con la transparencia como bandera. Pero es hora de cerrar las heridas de la corrupción, y construir proyectos de transparencia innovadores, donde realmente la ciudadanía pueda decidir y formar parte.

Tras un año, valencia es una ciudad abierta a la diversidad y respetando los derechos humanos. Era la hora de que todas nos sintiésemos parte de nuestra ciudad. Ver un 28 de Junio la bandera LGTBI en el balcón del Ayuntamiento, puede parecer un hecho sin importancia, pero para las que hemos estado al margen, invisibilizadas y atacadas por el anterior gobierno este es un hecho que nos hace reencontrarnos orgullosas con nuestro ayuntamiento, esa institución que tiene que ser construida para ser la casa del pueblo, la casa para todas las valencianas. Ver que el Ayuntamiento de Valencia se declara en contra de los Centros de Internamiento y exige su cierre es ver que al fin las exigencias de los movimientos sociales comienzan a ser escuchadas y que las exigencias de la sociedad civil marcan las líneas de acción de la política municipal.

El cambio no es una palabra vacía. Ha significado que las instituciones se abran a la gente, se abran a hacer políticas transformadoras que ponen en el centro no a unos pocos, no a los amigos de los que gobiernan, sino a toda una mayoría social que ha estado silenciada y reprimida.

Es cierto que aún falta mucho para lograr una valencia democrática, diversa, transparente, feminista, ecologista, una valencia para todas. Pero se está comenzado a ver la luz en una ciudad que ha estado 24 años sumida en la mayor oscuridad.

Para lograr una verdadera transformación real, desde abajo, debemos de ser capaces de potenciar, frente a las lógicas del individualismo mercantilizador, frente al repliegue en lo privado y frente a las lógicas privatizadoras, una democracia de la calle, de la plaza y del barrio, una democracia en la que las personas estén en el centro de la política de la ciudad. Ha pasado un año y sabemos que nos queda mucho por hacer, mucho por cambiar, para construir entre todas y para todas una nueva valencia.

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